¿De dónde proviene la exigencia de que una operación sea rastreable? No nació en el derecho fiscal, sino que dos fuentes distintas —ninguna tributaria en origen— construyeron lo que hoy conocemos como trazabilidad.
La primera proviene de la industria alimentaria. El Diccionario panhispánico del español jurídico la define como la “posibilidad de seguir el rastro de un producto a través de todas las etapas de su producción, transformación y distribución”.
La segunda surge de los sistemas de gestión de calidad. La norma ISO 9001:2015, en su cláusula 8.5.2, exige identificar las salidas cuando la trazabilidad sea un requisito; es decir, la “capacidad para seguir el histórico, aplicación o localización de un objeto”.