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Desde la toma de posesión del presidente Donald Trump en Estados Unidos de América (EUA), México se ha enfrentado a una guerra comercial que ha provocado el incremento de aranceles a las mercancías de exportación. Más allá de ser un conflicto comercial, se ha convertido en un acto de represión ante cualquier disputa entre ambos Estados.
Tal es el caso del actual conflicto de agua, generado por el lindero territorial de las cuencas de los ríos Bravo y Colorado, una delimitación geográfica y reserva natural que abastece a ambos países y cubre principalmente necesidades agrícolas.
Fue en 1944 cuando México y EUA firmaron el Tratado de Asignación de Aguas de la cuenca del río Bravo. Por un lado, a México le correspondían dos terceras partes, equivalentes a la entrega quinquenal de más de 4 mil 317 millones m3 de los ríos Tijuana, Colorado y Bravo —desde Fort Quitman, Texas, hasta el Golfo de México—, cuyo objetivo era distribuir esas dos terceras partes de los ríos Conchos, San Diego, San Rodrigo, Escondido, Salado y el arroyo Las Vacas.
Por otro lado, a Estados Unidos le correspondía un tercio equivalente a más de 2 mil 158 millones m3. En relación con la cuenca del río Colorado, México recibiría cerca de mil 850 millones m3, quedándose Estados Unidos con el resto.
A la fecha de la firma, los ríos mantenían caudales abundantes que abastecían a ambos países sin conflicto. Sin embargo, con el paso de los años la falta de programas efectivos de gestión hídrica, los dispendios de ambos países y las afectaciones del cambio climático ocasionaron la disminución significativa del caudal, especialmente del lado mexicano, provocando el incumplimiento del acuerdo.
México entregaba cada cinco años 432 millones m3, reponiendo al año siguiente cualquier faltante. Pero fue acumulando adeudos que para el 2015 ya sumaban 324.7 millones m3. Sin embargo, ante la carestía, cambio climático, falta de inversión, proyectos alternativos e intervención de la población, se necesitaba una renegociación.
El adeudo alcanzó su punto más alto a finales del sexenio de López Obrador, sin que se realizara ninguna gestión al respecto. En la actual administración de Sheinbaum, ante los incumplimientos de México —que Trump califica como una deuda histórica de 986 millones m3—, el gobierno estadounidense anunció que para el 9 de diciembre de 2025 haría un incremento del 5 por ciento a las exportaciones mexicanas si no se cumplía el tratado de 1944.
Hasta el momento, el gobierno de Sheinbaum ha logrado una prórroga en los aranceles con la promesa de cumplimiento a más tardar el 31 de diciembre de 2025. No obstante, esto podría acarrear graves afectaciones a los estados del norte de la república, impactando la producción agrícola del país.
El conflicto deja en evidencia la encrucijada que enfrenta México con su vecino del norte: decidir entre afectar producciones nacionales agrícolas o a exportaciones.
Esto hace patente la necesidad de renegociar el acuerdo de aguas de 1944, con bases más realistas de cada Estado, considerando territorios hídricos actuales, necesidades de cultivo, así como un ciclo hídrico que ya no es inmutable a consecuencia del cambio climático.
“El conflicto deja en una encrucijada a México: decidir entre afectar producciones nacionales agrícolas o exportaciones”.