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Cuando en la víspera de entregar esta columna me pregunté seriamente qué significaba decir que este era “tiempo de mujeres”, pensé en un primer momento que los cambios políticos y sociales que se han desencadenado en esta materia son ya imparables. Llegaremos a un momento de equidad plena entre ambos géneros que nos permita vivir en una nación verdaderamente democrática.
Después pensé que una somatización de estos cambios definitivamente es tener a la primera Presidenta de la República Mexicana, pues —a pesar de las descalificaciones— estoy convencida de que CSP ha demostrado ejercer el poder de una manera sustantiva más allá de un fetichismo formal.
Lo anterior es así porque, para decir que estamos en tiempos de mujeres —en términos sustantivos y no sólo formales, desde la perspectiva presidencial—, tenemos que fijarnos en que la Presidenta ha sabido dictar su propia política de seguridad que, lejos de negar los abrazos antes que los balazos, más bien nos demuestra una postura y planeación propia.
También atendamos al hecho de que, desde el gobierno federal, se ha ejercido el presupuesto a través del andamiaje institucional que permite materializar el derecho de las mujeres en todo el territorio nacional.
Con sus aciertos y errores, el esfuerzo es notable, pues no hay que ser un experto para saber que uno de los puntos principales para una sociedad justa es eliminar las penosas brechas económicas: los derechos se ejercen mejor cuando las necesidades básicas están cubiertas.
A pesar de que los grupos de oposición han señalado una posible dependencia de CSP a los dictados de AMLO, la realidad nos muestra que la Presidenta ha sido muy capaz de enfrentarse a nuestro vecino del norte, creando un escenario de diplomacia balanceada antes que vasallaje: el tesón de un profesionalismo científico de carrera ha sido el sello de la doctora.
Otro escenario es su posicionamiento al sistema político mexicano. Primeramente, dejando en claro para Morena y sus aliados, que sus arreglos internos no son condición para superar la nefasta estela del nepotismo. Así también podríamos ver que la propuesta de reforma electoral —a pesar de no tener el acuerdo velado del Verde y del PT—, demuestra una congruencia cabal con lo prometido en campaña y su papel como Presidenta de la República.
No por nada la aprobación a su gobierno es mayor que la de su antecesor. Así, queda demostrado que la sociedad mexicana ha ido superando los viejos avatares de machismo y necedad política: el cambio es constante.
Saber si es tiempo de mujeres requiere que las mexicanas se organicen como sujeto político activo para demandar y exigir las acciones de equidad en beneficio de todas y todos. La presidenta está haciendo lo propio y nosotras también.
“Saber si es tiempo de mujeres requiere que las mexicanas se organicen como sujeto político activo para demandar y exigir las acciones de equidad en beneficio de todas y todos”.