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A 40 años de haber sido sede de la Copa Mundial de Futbol, México volverá a albergar el torneo en 2026, ahora junto con Estados Unidos y Canadá. Se trata de un hecho que también pondrá en evidencia las diferencias políticas y económicas respecto de otros países anfitriones.
Organizar un evento de esta magnitud implica costos, adecuaciones de espacios y decisiones políticas, pero también representa la posibilidad de atraer turismo y generar una derrama económica relevante.
De acuerdo con Deloitte, la justa deportiva aportará 2 mil 730 millones de dólares (mdd) en valor agregado, equivalente al 0.14 por ciento del PIB nacional, y generará más de 112 mil empleos temporales. Por su parte, las cifras más optimistas del gobierno federal, hasta finales de 2025, estimaban entre mil 800 y 3 mil millones de dólares.