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Las nuevas tecnologías plantean dilemas éticos que exigen reflexión antes de tomar decisiones que puedan impactar negativamente en las personas, las organizaciones y su entorno.
En la era digital, la atención del mundo se posa sobre los avances de la ciencia y la tecnología. El entusiasmo por la IA está en su mayor apogeo, las ciencias de la salud permiten una larga vida e incluso sobrevida, y podemos trabajar desde casa o viajar sin descuidar los negocios porque vivimos en la era de la conexión. Sin embargo, pocas veces nos preguntamos qué sucede con la condición humana y la naturaleza en medio de este huracán de avances tecnológicos.
En ciencia y tecnología cada seis meses hay una nueva tendencia, pero los sistemas morales de la humanidad no mutan tan pronto. La moral es dinámica, pero sus cambios llevan tiempo; la tecnología y la ciencia, en cambio, no esperan a la moral ni a la ética. Ante el frenesí del progreso, se apuesta por poner en marcha la nueva tendencia sin reparar siempre en las consecuencias.
Para contextualizar lo anterior, basta observar algunos de los nuevos dilemas que plantea la tecnología. En Japón y Estados Unidos existen empresas que comercializan robots humanoides. Lovense produce modelos con piel térmica diseñados para la intimidad, mientras que el robot Pepper acompaña a adultos mayores, guía ejercicios y realiza videollamadas.