La irrupción de la inteligencia artificial generativa (GAI) está redefiniendo los límites de la propiedad intelectual (PI), especialmente en el ámbito del copyright.
Concebidos para proteger las creaciones humanas, los marcos tradicionales de PI luchan por mantenerse al día con los desafíos que plantea el contenido generado por máquinas.
La GAI, capaz de producir música, arte visual y literatura con una sofisticación creciente, ha puesto en crisis los cimientos del copyright al difuminar la distinción entre la autoría humana y la creación algorítmica.