Economista. Maestra en Docencia Económica. Doctora en Ciencias Económicas.
De acuerdo con el último Reporte de la Inversión a Nivel Mundial de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), en 2025 México ocupó el 10º lugar mundial en Inversión Extranjera Directa y el lugar 20 en América Latina después de Brasil. El año anterior había ocupado el 11º lugar.
Los tres primeros lugares a nivel mundial en 2025 los ocuparon Estados Unidos, Singapur y Hong Kong, en ese orden. Sin embargo, en el caso de México la llegada de nuevas inversiones disminuyó, y lo que creció fue la reinversión de utilidades de empresas ya establecidas en el país, de forma que solo el 18% fueron nuevas inversiones, mientras que las reinversiones fueron el 68% del total y las cuentas entre compañías el 14%.
Fuente: Nora C. Ampudia en Facebook
Así las nuevas inversiones se encuentran en el nivel más bajo desde el 2001, cuando representaron el 77% y las reinversiones el 13%.
La Inversión Extranjera Directa se divide en:
Si bien a nivel mundial aumentó la inversión extranjera directa un 6% y en México un 7.6%, las perspectivas para 2026 son inciertas debido a la incertidumbre generada por el creciente proteccionismo comercial, las tensiones geopolíticas, el incremento en los costos de financiación y la fragmentación económica a lo que también se le ha denominado: desglobalización.
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En el caso de México los especialistas, economistas, centros de investigación y organismos empresariales concuerdan que la llegada de nuevas inversiones se ha desacelerado por la incertidumbre que generan las declaraciones de Donald Trump en materia de la renegociación del T-MEC, la seguridad pública y los problemas con el crimen organizado.
También afectan las decisiones relacionadas con el Estado de Derecho, el marco regulatorio, la reforma judicial, la elección de jueces y magistrados, y los cambios en políticas públicas que genera incertidumbre regulatoria y elevan la percepción de riesgo entre los inversionistas. Otros factores relevantes son las limitaciones de infraestructura, la disponibilidad de agua potable, de energía y de logística.
Finalmente, el incremento en la reinversión de utilidades no tiene el mismo efecto multiplicador sobre la actividad económica que la llegada de nuevas inversiones.