Guerra en medio oriente: riesgo de estanflación, ¿por qué y qué problemas genera?

Guerra en medio oriente: riesgo de estanflación, ¿por qué y qué problemas genera?
Edición de imagen: Dinámica Empresarial
Nora Ampudia

Dra. Nora C. Ampudia Márquez


Economista. Maestra en Docencia Económica. Doctora en Ciencias Económicas.

Este sábado 22 de marzo de 2026, Donald Trump dio un ultimátum de 48 horas a Irán para que reabra completamente y sin amenazas el estrecho de Ormuz, de lo contario “aniquilaría” a sus principales plantas de energía, empezando por las más grandes.

La respuesta de Irán no se hizo esperar y amenazó con atacar toda la infraestructura energética, plantas de desalinización y de tecnología de la información de los países en los que Estados Unidos tiene bases militares, lo que generaría un shock petrolero, energético, de fertilizantes y de helio que llevaría a la economía mundial a una crisis económica y financiera.

Sin duda la guerra escalaría generando el principal problema económico y más temido por los economistas ¡la estanflación!

Un complejo fenómeno económico ante el cual la política económica: monetaria y fiscal son insuficientes, generando pérdidas para familias, empresas y gobiernos.

Es un dolor de cabeza para los gobiernos porque combina inflación alta, contracción económica o bajo crecimiento (en el mejor de los casos) con elevado desempleo, caída en el consumo, caída en la inversión y caída en la recaudación.

El problema es que se presentan dos fenómenos de forma simultánea: elevada inflación y nulo crecimiento económico e incluso caída en la producción.

Si se elige combatir la inflación con política monetaria, el Banco Central tendrá que subir su tasa de interés de referencia y con ella subirán todas las tasas de interés bancarias y no bancarias, elevando el ahorro, disminuyendo el consumo, la inversión productiva y aumentando el desempleo, lo que profundiza la crisis económica.

En cambio, si se quiere combatir la contracción, el Banco Central tendrá que bajar su tasa de interés de referencia, y con ella todas las tasas de interés, aumentando el consumo, pero no necesariamente la producción porque hay una escasez de petróleo, gas natural, energía eléctrica, fertilizantes y helio (shock de oferta), lo que retroalimenta la inflación.

La otra alternativa es la política fiscal, de forma que para combatir la inflación el gobierno debe evitar e incluso recortar los estímulos fiscales generalizados: subsidios, deducción de impuestos, treguas fiscales, reducción de gasto público. En una palabra “austeridad”, justo en el momento en que la población y las empresas demandan apoyo gubernamental lo que genera un costo político: pérdida de apoyo social y credibilidad, además que dicha política fiscal recesiva contribuye a acelerar la contracción económica.

Si se prioriza el crecimiento económico la alternativa es aumentar la inversión pública productiva en infraestructura, energía, transporte, educación, tecnología e innovación, lo que eleva la productividad y reduce los costos de producción, genera crecimiento económico pero los resultados son a largo plazo y no se ven en el corto plazo, justo en el momento en que más se necesitan.

Así, la estanflación es un problema político y técnico a la vez: no hay una respuesta rápida y limpia sino ajustes graduales y decisiones incómodas que siempre dejará a los electores insatisfechos.

Los períodos de estanflación más complicados sucedieron entre 1973 y 1982.

El primero, en 1973, generado por el embargo petrolero y el segundo por la Revolución Islámica en Irán, ambos provocaron un shock petrolero que disparó los precios internacionales del petróleo y sus derivados, fertilizantes, gas natural y energía.

El primero, en 1973, generado por el embargo petrolero y el segundo por la Revolución Islámica en Irán, ambos provocaron un shock petrolero que disparó los precios internacionales del petróleo y sus derivados, fertilizantes, gas natural y energía.

El embargo petrolero de octubre de 1973 a marzo de 1974 se presentó cuando los países árabes integrantes de la OPEP (liderados por Arabia Sadita, Irak, Kuwait y otros) redujeron la producción de petróleo y bloquearon las exportaciones hacia los países que apoyaron a Israel durante la Guerra del Yom Kippur: Estados Unidos, Japón y países de Europa.

Ello generó escasez de petróleo a nivel mundial, como resultado, el precio del petróleo aumentó entre un 280% y un 339% tan solo en 1973, según del tipo de crudo del mercado. Así el precio internacional promedio del barril de petróleo pasó de US$3.00 a US$12.00 generando una crisis energética global acompañada del fenómeno de estanflación.

Por su parte la Revolución Islámica de Irán (1978-1979) que derrocó la monarquía del Sha Mohammad Reza Pahlaví y estableció la República Islámica Teocrática bajo el liderazgo del ayatolá Jomeini, colapsó la producción de petróleo iraní con una caída del 75% por la huelga de los trabajadores petroleros, a lo que se sumó la guerra Irán-Irak (1980-1988), con ello el precio del petróleo pasó de US$14.00 a US$35 y US$40 por barril.

Estos dos fenómenos generaron un shock de oferta generando estanflación y a nivel mundial la inflación sobrepaso el 10% durante varios años.

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